Por Economia.com.do
La caída de Lehman Brothers en septiembre del 2008 marcó, por lo menos de manera general, el inicio de la crisis económica más profunda desde la Gran Depresión. Sin embargo, se podría decir que no ha sido sólo una crisis económica, sino también una crisis de la economía como profesión. Muchos se preguntan cómo una caída de la economía global de tal magnitud no pudo ser predicha por los economistas y cómo los modelos existentes fueron poco útiles en ofrecer soluciones.
El rol (o la falta de) de los economistas antes y durante esta crisis puede ser cuestionado desde varios ángulos:
El supuesto de racionalidad. Los modelos macroeconómicos se basan en el supuesto de un agente que se comporta de manera racional, es decir, que utiliza toda la información disponible para tomar sus decisiones. Estos modelos excluyen aspectos importantes del comportamiento humano, como son la ambición, el miedo y la miopía (dificultad de incorporar los beneficios y costos a largo plazo a la hora de tomar decisiones).El supuesto de racionalidad implica que sólo eventos sorpresa pueden afectar indicadores económicos. Pero en una situación donde los modelos teóricos son particularmente débiles a la hora de incorporar eventos inusuales, el supuesto de racionalidad es aún menos reconfortante.
El supuesto de mercados financieros perfectos. La economía, hasta el momento, no ha incorporado de manera comprehensiva el rol de los mercados financieros y su relación con los fundamentos económicos. Los modelos económicos asumen por tanto, que no existen fricciones en los mercados financieros y que las fuerzas de oferta y demanda, de manera casi inmediata, determinan precios de equilibrio. Estos precios han de constituir incentivos suficientes para el buen funcionamiento de los mismos mercados financieros y del resto de la economía. Esta crisis ha demostrado que este no es siempre el caso.
El contexto histórico. El espejismo de la gran moderación (un periodo de baja inflación y crecimiento económico) llevó a que muchas veces se ignorara la posibilidad de crisis financieras fuera de mercados emergentes. El mismo éxito de la política monetaria desde principios de los noventa en controlar la inflación, redefinió la naturaleza de las funciones de las autoridades monetarias, quienes dejaron de lado otras preocupaciones como regulación y darle seguimiento al precio de los activos. Un mundo postcrisis probablemente verá, como ya se ven indicios, una reestructuración de las funciones de los bancos centrales.
En resumen, muchos modelos macroeconómicos utilizados actualmente están alejados de la realidad. No resulta una sorpresa, por tanto, que la profesión económica fue agarrada “fuera de base” frente a la crisis más profunda de las últimas décadas. Pero no a todos los economistas la crisis les tomó desprevenidos. Algunos, como Nouriel Roubini de New York University (NYU), escribieron sobre los riesgos de una política económica laxa y precios de activos financieros e hipotecarios sobrevaluados. Sin embargo, preguntas como cuándo y de qué manera desinflar una burbuja, todavía no han sido satisfactoriamente respondidas por el saber económico. Alan Greenspan, quien encabezó la Reserva Federal de los Estados Unidos durante los años del boom de los noventa hasta el 2006, ha argumentado en diversas ocasiones que no es aconsejable desinflar burbujas aún cuando se les pueda identificar. Es importante reconocer que estas limitaciones no son exclusivas de la economía, sino que son a veces inherentes a la naturaleza política de muchas decisiones. Al final del día, los hacedores de política económica tienen muy poco incentivo a desinflar una burbuja en el medio de un boom económico.
La academia económica, tal y como los mercados financieros y las políticas monetaria y fiscal, necesitará cambios importantes si se quiere evitar una crisis similar en el futuro o al menos limitar sus efectos.
¿Qué piensan Ustedes lectores? ¿una crisis económica y una crisis de la economía como profesión? Nos gustaría recibir sus comentarios.


