Por Economia.com.do
La crisis económica que hoy nos arropa es, sin duda, la primera crisis financiera y económica global. Pero, aunque hoy está claro que ninguna región ni país está a salvo, hace sólo unos pocos meses se hablaba con entusiasmo de cómo los países en desarrollo iban a salvar la economía mundial de una recesión – la famosa “desconexión” de los ciclos económicos entre el Norte y el Sur. ¡Qué tan equivocados estábamos!
Por un lado, el optimismo de aquél entonces en cuanto a la salud de las economías en desarrollo se debía al extenso proceso de reformas estructurales que se habían implementado en los últimos años y al envidiable crecimiento económico que todas las regiones estaban experimentado, desde Asia y Europa del Este, pero también en América Latina y África. Por otro, el optimismo estaba relacionado con el hecho de que en esta ocasión el origen de la crisis no estaba en el mundo en desarrollo o emergente.
Esta vez, al menos en el inicio de la crisis, la ineficaz regulación y supervisión financiera en Estados Unidos, junto con otros incentivos perversos y bajas tasas de interés, fueron señalados como la fuente de desestabilización. El contagio a Europa era de esperarse por el alto nivel de integración con los mercados financieros de Estados Unidos. Pero, como por lo regular, la historia era un poco más complicado. Ya para otoño del 2008, estaba claro que el contagio era global.
Hoy, la economía global –especialmente la globalización financiera – se encuentra en el centro del huracán. Los grandes (y crecientes) superávits de cuenta corriente en países emergentes como China (y también en países desarrollados, como Alemania) y en productores de petróleo fueron exportados a países deficitarios, como los Estados Unidos. La mezcla de este exceso de liquidez con condiciones laxas de crédito llevaron a la creación de una burbuja financiera e hipotecaria.
La transmisión de los efectos de la crisis a los países en desarrollo ha llevado a una desaceleración generalizada del crecimiento, donde los pronósticos del FMI para las economías emergentes indican un crecimiento estimado de 3.3 en el 2009, comparado con un 8.3 y 6.3 en el 2007 y 2008, respectivamente. El impacto de la crisis en estos países se ha transmitido principalmente a través de la marcada contracción del comercio global (estimada en 2.8% para el 2009) la caída en los precios de los productos primarios (49% el petróleo y 29% los demás productos) y la reducción del crédito global. Sin embargo, no todas las regiones sentirán la crisis con la misma magnitud y de la misma manera. Algunos países y regiones son más vulnerables que otros.
Las economías emergentes asiáticas, altamente dependientes del comercio exterior y con crecimiento acelerado en los últimos años, están sintiendo la contracción del comercio global con un crecimiento estimado de sus economías de 5.5 por ciento en el 2009, muy por debajo de años anteriores. De hecho, los datos a diciembre 2008 indican un decrecimiento de sus exportaciones de dos dígitos.
Por su parte, se estima que los países de Europa Central y del Este tendrán un crecimiento negativo en el 2009. Dependientes del financiamiento externo, dados sus altos déficits de cuenta corriente, estos países sufrirán la reducción del acceso al crédito y de la inversión extranjera.
Los países del continente africano tendrán un crecimiento positivo pero menor al promedio de años anteriores. Muchas de estas naciones dependen en gran medida de las exportaciones de productos primarios, por lo que la reducción del comercio global junto con la caída de los precios internacionales, pueden poner en peligro a la región y los avances recientes en la reducción de la pobreza. Esto, sin contar, la reducción de las remesas provenientes de países avanzados y una posible merma en la ayuda internacional.
En la región latinoamericana se identifican dos tipos de países: aquellos que son exportadores netos de productos primarios como Argentina y los que, como la República Dominicana, son importadores netos de productos primarios y altamente dependiente de países avanzados para sus exportaciones, inversión extranjera y remesas. La reducción de los precios de los productos primarios y la recesión en las economías avanzadas indican que ambos grupos se verán afectados por la crisis global. Se estima que América Latina crecerá tan sólo un 1.1%.
Una publicación reciente del Banco Mundial clasifica a las economías en desarrollo en tres categorías: aquéllas con desaceleración económica, aquéllas con altos niveles de pobreza y aquéllas con ambas características, estas últimas siendo las más expuestas a los efectos de la crisis. Un 40% de los países en desarrollo cae dentro de esta última categoría, mientras que un 56% posee una de las dos características. Queda claro entonces que pocos países saldrán ilesos de esta crisis y que las políticas económicas que se tomen para mitigar los efectos de la desaceleración y su impacto sobre los más pobres son claves. Sin embargo, muchos de los países más vulnerables no tienen espacio fiscal para implementar las medidas necesarias ante esta crisis y la contracción global del crédito limita aún más sus posibilidades. La comunidad internacional debe prepararse y responder a situaciones como esta para evitar un retroceso importante en la lucha contra la pobreza.
Figura 1. Países Expuestos a la Crisis

Fuente: Banco Mundial.
En resumen, la crisis económica es una crisis global y, como tal, tiene una solución también de naturaleza global. Una apropiada coordinación de los estímulos fiscales en las economías más grandes es necesaria. El paquete de gasto público de los Estados Unidos ha sido aprobado y es – aunque con ciertas debilidades – un paso importante; sin embargo, la economía norteamericana no podrá sacar por sí sola a todo el mundo adelante. Otros países, especialmente en Europa, deben hacer su parte.
El efecto de estas políticas keynesianas tomará su tiempo. En el ínterin, la tentación para los gobiernos de tomar medidas proteccionistas es grande. Esto abarca no solamente medidas “tradicionales” como impuestos a las importaciones y subsidios a las exportaciones, pero también preferencias distorsionantes hacia la industria y consumidores locales en los paquetes fiscales y crédito bancario en los países desarrollados. El G-20, en su reunión en Washington en noviembre del 2008, se comprometió a defender la apertura comercial, pero pocos días después nuevas medidas proteccionistas fueron implementadas en diversos países, desde India y China hasta Ecuador y Argentina. El G-7, en su reunión la semana pasada, ha repetido dicho compromiso. Esperemos que esta vez tenga un mejor resultado. Al fin y al cabo, es en la integración económica, y no en la fragmentación, donde se encuentran las respuestas que necesitamos.


