Por: Humberto Brea, economista
Cuando en febrero del 2008, el Reino Unido nacionalizó el Northern Rock, el primer ministro británico aseguraba que una economía abierta garantizaba al país una mejor cobertura para la crisis. Los medios de comunicación remarcaban lo inverosímil que resultaba la noticia. Al leer las columnas de opinión, se intuía la esperanza de que esta nacionalización fuese anecdótica y que otras situaciones similares no se producirían. Desafortunadamente, esto no fue así, y posteriormente diversas entidades bancarias padecieron los embates de la crisis de las subprime.
Debido a que constantemente surgen nuevas entidades en problemas he optado por enunciar únicamente las más afectadas por la crisis hasta este momento. Siguiendo con el Reino Unido tenemos la compra parcial del Bradford & Bingley por el Banco Santander de España, la del Halifax Bank of Scotia por el Lloyds TSB luego de que la primera perdiera más del 70% de su valor y la nacionalización parcial de las dos entidades fusionadas y la del Royal Bank of Scotia. Si nos vamos al Benelux, el banco Fortis recibió una inyección de capital procedente de Bélgica, Holanda y Luxemburgo la cual, al no funcionar, término desmantelado y vendido por partes. Adicionalmente, el banco franco-belga Dexia ha recibido fondos de salvamento a principios del septiembre, pero recientemente ha necesitado nuevas garantías para evitar su quiebra. En Alemania el Hypo-Real Estate entidad hipotecaria (la segunda más grande del país) ha sido rescatada dos veces de la bancarrota a través de un esfuerzo concertado entre el gobierno y otros bancos. Sin embargo, es posible que la historia de descalabros bancarios continúe, pues todos los días aparecen noticias preocupantes sobre la salud del sistema financiero europeo.
Todas estas calamidades financieras han puesto de manifiesto las fisuras existentes en la unión europea. Las fuertes personalidades de sus líderes políticos y las presiones internas que padecen han mostrado el lado más egoísta de los países que conforman la unión. Antes de la reunión del G-4 (Alemania, Francia, Italia y el Reino Unido) la ministra francesa de economía Christine Lagarde había sugerido crear un fondo común para ayudar al sistema financiero europeo. Sin embargo, el resultado de la reunión fue totalmente diferente. La canciller alemana Angela Merkel se opuso a la medida en tanto que el presidente francés Sarkozy aseguraba que este plan jamás se había propuesto.
El mensaje implícito de “sálvese quien pueda” llevo a las naciones que conforman la Unión a tomar medidas unilaterales descoordinadas, cuyos efectos secundarios fueron pobremente calculados. Tal es el caso de Irlanda, que fue el primer país en garantizar el 100% de los depósitos de los bancos por un período de tiempo. Esto originó que otros países se vieran forzados a seguir este camino ya que podría ocasionar una estampida de los ahorrantes a aquellos bancos cuyos depósitos están garantizados. En concreto, Alemania, Austria, Dinamarca, Grecia, Portugal y Suecia decidieron emular a Irlanda. Esto a su vez produjo que el Reino Unido y España aumentara la cobertura de los depósitos al tiempo que los ministros de finanzas del Ecofin anunciaran que someterían a la Unión aumentar el monto límite a cubrir a 40,000 euros en lugar de los 20,000 euros.
La situación llegó al límite de la tragedia, cuando Islandia, uno de los países con el mayor índice de desarrollo humano nacionalizó sus tres principales entidades bancarias. Islandia no pertenece a la unión europea por lo que los acuerdos de cooperación en la zona euro no tienen ningún efecto. El desamparo y la preocupación de caer en bancarrota han llevado al gobierno islandés a gestionar préstamos de emergencia con el FMI y con Rusia.
Finalmente, el pasado domingo 12 de octubre se reunieron en París los 15 miembros de la zona euro más el primer ministro británico Gordon Brown. En esta reunión se acordó implementar el modelo inglés el cual, en lugar de comprar los activos tóxicos como lo proponían las autoridades norteamericanas, se comprarían directamente participaciones en las entidades financieras. Adicionalmente, se otorgarían préstamos y se destinaría una porción de los fondos recaudados como aval para otros préstamos procedentes del sector privado.
Todavía es muy temprano para evaluar la eficacia del plan de rescate que superaría los dos billones de euros (billones en español, trillones en inglés). No obstante, es una buena señal para el mercado de la unión de los distintos jefes de estado europeos ante la crisis. Las bolsas de valores han respondido bien a la iniciativa europea revirtiéndose la espiral en descenso que presentaron la semana previa a la reunión de París. Adicionalmente, el recientemente laureado con el premio Nobel en economía, Paul Krugman estima que la iniciativa de Brown va en el camino correcto en un artículo publicado en el New York Times.
Sin embargo, la crisis financiera ha descubierto las debilidades de Europa. Una carencia de liderazgo que se reflejó en el tiempo de espera para tomar medidas ante la difícil situación económica. Parecía que los líderes europeos querían jugar un rol secundario, esperando una vez más que los estadounidenses tomaran la iniciativa y solucionaran el problema de liquidez. Desafortunadamente para Europa esta crisis coincide con un año electoral en EEUU tan importante como lo es la salida de George Bush de la presidencia. Al constatar la incapacidad norteamericana de presentar una respuesta razonable ante la crisis, se vieron obligados a actuar. Pero lo hicieron de forma descoordinada, se mostraron dubitativos corrigiendo sobre la marcha y desdiciéndose una y otra vez. Estoy seguro que los historiadores se darán gusto revisando las hemerotecas y señalando las cambiantes opiniones de los líderes políticos europeos. Por ejemplo, en España era un tabú hablar de crisis económica, el eufemismo utilizado era “desaceleración económica.” Mientras los líderes de la oposición insistían que las cosas se llamasen por su nombre, las autoridades gubernamentales argumentaban que esto no era más que tácticas de miedo con propósitos electoralistas. Al final, el gobierno tuvo que reconocer que había crisis. Incluso, el vicepresidente económico, Pedro Solbes afirmó en el congreso que “Nosotros nunca hemos negado la crisis.”
Sólo resta observar como la crisis financiera impacta al sector real. En Europa actualmente se pierden miles de puestos de trabajo diariamente por la caída en las ventas. El crimen aumenta, los movimientos xenófobos en países como Italia y Austria se expanden y las autoridades gubernamentales se ven en la difícil tesitura de tener que priorizar sus gastos e incumplir con promesas electorales. Adicionalmente aquellos que invirtieron sus ahorros en instrumentos financieros gestionados por entidades como el Lehman Brothers salen a reclamar a las calles y las agencias inmobiliarias quiebran. Como si todo esto fuera poco, miles personas no pueden pagar sus hipotecas y se ven obligadas a abandonar sus viviendas. A pesar de todo, el europeo todavía no ha perdido la esperanza. Europa ha salido airosa de peores situaciones que la actual (la segunda guerra mundial, por ejemplo) por lo que tarde o temprano la economía volverá a su senda de expansión. Sólo espero que el resultado conlleve a una Europa más decidida, confiada y unida.


