La Realidad de un Mundo Interconectado: Un Nuevo Marco para las Políticas Económicas y Sociales

Publicado el 19 Septiembre 2009

Por Economía.com.do

Problemáticas Globales

El último año nos ha demostrado una y otra vez la estrecha conexión que existe hoy día entre los países del mundo. Desde el rápido contagio de la crisis financiera y económica a todas las regiones, hasta la reciente preocupación por la acelerada propagación del virus denominado gripe porcina, tanto países desarrollados como países en desarrollo se están enfrentando a problemáticas comunes.

La crisis financiera, originada en los Estados Unidos en el 2008, se ha transmitido al resto del mundo con una rapidez y magnitud sin precedentes. Para finales del 2008, la crisis ya había reducido el crecimiento de las economías avanzadas en 7.5% y en 4% el de las economías emergentes (último trimestre del 2008). Para el 2009, se espera un decrecimiento global de 1.3% y una reducción pronunciada de 11% en el comercio global. Asimismo, los pronósticos indican que los países avanzados se contraerán en 3.8% en este año y que las economías emergentes crecerán tan sólo 1.6%, muy por debajo del promedio de 6.4% del 2000 al 2008. Por otro lado, el más reciente reporte de la Organización Mundial de la Salud (Mayo 26, 2009) indica que en corto tiempo ya se han registrado 12,954 casos de gripe porcina en 46 países del mundo y 92 muertes, incluyendo países tan distantes como  Nueva Zelanda,  Israel, México y Alemania.

La característica principal de los problemas verdaderamente globales – como la crisis financiera y la gripe porcina, junto con el cambio climático, deterioro del medio ambiente, y el terrorismo y la seguridad – es que sus consecuencias traspasan las fronteras donde ellos se originan. Esto ha llevado a los gobiernos del mundo a, cada vez más, buscar estrategias comunes y diseñar políticas complementarias a estas problemáticas.

Políticas Económicas y Sociales

La naturaleza de las políticas económicas y sociales en un mundo interconectado cambia de manera fundamental. Por un lado, las políticas divisadas por un país de manera individual no son suficientes para resolver el problema en su totalidad, lo cual empieza a romper la tradición de muchos países de tomar decisiones unilaterales obviando la situación prevaleciente en otras naciones o las implicaciones que estas pudiesen tener.

Por otro lado, sin una respuesta coordinada o sin la participación de un organismo global, la respuesta de los países será siempre sub-óptima porque ningún agente individual internaliza, i.e. considera como suyas, las consecuencias del problema para los demás. De aquí que el mayor reto para los hacedores de políticas económicas y sociales es el de la coordinación y el diseño de los organismos apropiados para manejar problemas globales.

Muchos de los organismos que se necesitan ya existen. El Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, las Naciones Unidas, entre otras organizaciones, están ahí en gran parte para manejar precisamente los bienes públicos globales, como pobreza, medio ambiente y cambio climático (muy parcialmente todavía), crisis cambiarias y situaciones de conflicto, todos casos con significativas externalidades transfronterizas. Más recientemente, el rol que el Grupo de los 20 (G20) y el Foro de Estabilidad Financiera han jugado en la actual crisis económica o que la Organización Mundial de la Salud ha jugado en la  crisis de la gripe porcina pone en evidencia una vez más la naturaleza global de muchos de los problemas actuales. Con un mundo cada vez más interconectado, esta necesidad se vuelve cada vez más imperiosa.

Pero, aunque los organismos globales existen, su mandato y funcionamiento está muchas veces limitado tanto por razones políticas como por intereses privados. Es por esto que la gobernabilidad de las instituciones globales es fundamental para que las mismas tengan la legitimidad y la capacidad para actuar. Mucho se ha discutido recientemente de la necesidad de reformar el FMI, donde los países en desarrollo están claramente sub-representados. Pero lo mismo se aplica a los demás organismos, donde las decisiones son tomadas por un grupo limitado de países cuyo peso en la economía y en la dinámica mundial ha disminuido de manera significativa desde su creación en la post-guerra. El G-20, como un nuevo foro que incluye  a países en desarrollo, muestra la dirección de las reformas que se necesitan. Ahora es tiempo de que reformas similares se lleven a cabo en los otros organismos. Sólo así, estas instituciones estarán en posición de manejar los problemas globales y servir de nexos en un mundo crecientemente integrado e interconectado.

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