Por: Ricardo Fuentes, economista
Oct 3, 2008
No son tiempos comunes. La furia del desastre financiero ha sacudido la seguridad y las creencias del sistema económico alrededor del mundo. El meteoro destruyó en una semana y media cinco grandes empresas financieras, una industria y el mecanismo que hace funcionar la economía en Estados Unidos. Los superlativos que la prensa utiliza – dramático, tumultuoso, monumental- no son suficientes. Es un momento de reflexión y de humildad.
He tenido la fortuna, por llamarlo de algún modo, de ver el proceso muy de cerca, primero desde Nueva York, ahora desde Washington DC. Estas son las notas día a día de la semana –14 al 19 de septiembre- que hundió al sistema financiero estadounidense en una desesperada búsqueda de sí mismo. Ahora sabemos que era apenas el inicio.
Viernes 12 de septiembre, en la noche
Todo parece indicar que Lehman Brothers – un respetado banco de inversión- va a desparecer. Su deuda no vale un cacahuate y nadie provee financiamiento para sus operaciones. El Financial Times menciona las instituciones que podrían comprar Lehman – Bank of America y Barcleys. Las opciones son limitadas: el gobierno no quiere intervenir (como lo hizo en marzo con Bear Sterns, otro banco de inversión) y los posibles compradores solicitan algún subsidio para poder minimizar las pérdidas de la compra. Será un fin de semana de negociaciones. Los periódicos registran un poco de ansiedad.
Sábado 13 y domingo 14 de septiembre
Los gurús de las finanzas americanas llegan uno a uno a las oficinas de la Fed de Nueva York. Los jefes de las corporaciones financieras más grandes del país –no solo los ejecutivos de los bancos de inversión que tienen problemas- se presentan con camisas abiertas al bajar de los autos negros de lujo en el 33 de la calle Liberty, en el sur de Manhattan. Allí están los dirigentes de Citibank, JP Morgan Chase, Goldman Sach, entre otros. La élite de Wall Street. Parece que quieren reproducir aquella reunión donde JP Morgan (el banquero, no el banco) logró un consenso y salvo la industria, su industria, de un desastre.
Después de unas horas de discusion, los posibles compradores de Lehman se retiran. El jefe de la Reserva Federal de Nueva York, Tim Geithner, y el secretario del Tesoro, Hank Paulson, insisten en que Lehman debe ser rescatado por la misma industria financiera y se rehúsan a subsidiar cualquier arreglo. Parecen decididos a evitar un precedente que conduzca al sistema financiero a un riesgo moral enorme– la creencia por parte de las instituciones financieras de que en el futuro serán rescatadas por el gobierno en caso de problemas graves.
A medio día del domingo, el destino de Lehman es claro. Se irá a bancarrota. Se irá al carajo. “El paciente está muerto, veamos al siguiente enfermo en la lista” parece ser la reacción del sistema. Es Merryl Lynch, el banco de inversión que tiene un toro por logotipo. Será el próximo en caer así que no duda en ponerse súbitamente en venta – una boda por conveniencia. Bank of America paga 50 mil millones de dólares. Y así, dos de los banco de inversión más grandes del país desaparecen un día donde el sector financiero debería estar bronceando su fabuloso cuerpo en las playas de Long Island.
Nadie sabe que va a pasar a la mañana siguiente pero el New York Times se pregunta si este es el costo – la bancarrota de Lehman y la adquisición de Merryl Lynch- para que el sistema se recupere. Hay aún algo de optimismo. Pero al mismo tiempo ya todos sabemos el nombre de la siguiente víctima.
Lunes 15 de septiembre
Los mercados de Asia están cerrados por un día feriado, pero Europa esconde la cabeza nomás empieza el día. Es una mala premonición.
Se espera que el mercado en Estados Unidos se colapse después de la apertura, pero no sucede. Cae dos por ciento durante toda la mañana. El blog del New York Times dice: no es poco, pero no es el lunes negro de 1987.
Lehman ya es historia. Merril Lynch es parte de Bank of America. AIG , la aseguradora privada más grande del mundo, está en la mira de ese maldito gusano invisible que todo se lo traga en estos días y va creciendo. La lombriz que se comporta como uno de esos personajes de las tiras cómicas – el hombre de arena en El Hombre Araña- que se vuelve más fuerte mientras más daño causa.
El gobierno no va a rescatar una sola entidad más. No quiere poner en riesgo su credibilidad ni el dinero que cada estadounidense pone en el cofre del IRS – el Servicio de Ingresos Interno, los amigos que recolectan los impuestos en Estados Unidos. La señal es clara para todo mundo.
Hacia el final del día el mercado se hunde. Los brazos del sistema no resisten y se caen los platos. El estallido se oye en todos lados. Es, de acuerdo al New York Times, uno de los días más dramáticos en la historia reciente de los mercados financieros.
Y apenas era lunes. No había ni siquiera comenzado a mostrarse el poder y el alcance del monstruo.
Martes 16 de septiembre
El consejo de la Reserva Federal, el banco central estadounidense, deja la tasa de interés de referencia en el nivel anterior, 2 por ciento. El mercado interpreta este hecho como una señal de que la situación de la economía no es tan mala y avanza un poco. Conforme pasa el día, sin embargo, todo de nuevo oscurece. Son días cortos y noches largas. No son tiempos normales. AIG se va al demonio. Paulson no lo va a rescatar. O al menos eso parece hasta que alguien le susurra al oído las implicaciones mundiales de la bancarrota de la mayor aseguradora del mundo. Las calificaciones de crédito – esas que aseguraban que los instrumentos basados en hipotecas de baja calidad eran rentables y seguros- de AIG caen y obligan a la empresa a presentar un colateral mayor. Se estima que necesita 40 mil millones de dólares de capital nuevo inmediatamente. Es un espiral hacia el fondo. El gusano sigue avanzando. Engorda y enloquece.
El gobierno ofrece un préstamo de 85 mil millones de dólares a AIG a inicios de la noche. Nadie sabe qué los hizo cambiar de parecer de manera tan abrupta en tan poco tiempo. Yo recibí las noticias en un bar en el centro de Washington DC. Con una cerveza en la mano leí el ticker de CNN. Inicialmente pensé que era un alivio, pero inmediatamente mi mente me llevó a la pregunta, ¿por qué AIG sí y Lehman no? Será un caos mayor mañana, nadie conoce las reglas que llevan al gobierno a rescatar una institución pero dejar morir otra con dos días de diferencia. Finalmente se me ocurrió que las cosas deben estar peor de lo que pensaba. El terremoto – y las consecuencias globales- que se cocinaba dentro de AIG debía ser muy grande para que la Reserva Federal y el Tesoro se humillen de tal manera.
¿Qué va a pasar?
Miércoles 17 de septiembre
Los mercados siguen su desenfrenada carrera hacia el abismo. Los superlativos no alcanzan. Los eventos que parecían dramáticos el lunes son buenos recuerdos el miércoles. En este momento todos los que seguimos la crisis sabemos que estamos presenciando momentos históricos. Los inversionistas buscan un resguardo. Movimientos masivos de dinero en busca de instrumentos seguros suceden todo el día. El retorno del bono del Tesoro de 3 meses es 0.02 %; el de un mes es negativo. Dicho de otra manera, los grandes inversionistas, esa clase que busca siempre los retornos más altos alrededor del mundo, pagan – aceptan retornos negativos!- a cambio de la certeza de que su dinero esta a salvo. Esto no se ha visto desde la Segunda Guerra Mundial. Desde 1941 para ser más preciso. El año en que Hitler dominaba gran parte del territorio europeo y parecía que ganaría la guerra.
El miércoles es un día único. Las cosas que no deberían pasar pasan. El valor de un fondo de mercado de dinero – los fondos privados más seguros- cae por debajo del dólar. Yo no sabía que esto era posible. Las acciones de Goldman Sachs y Morgan Stanley se colapsan a pesar de que reportaron ganancias sustantivas unos días antes. Pienso, un poco abrumado por los eventos, en el pasaje de El Nombre de la Rosa de Umberto Eco y el mudo con los pies al aire.
Es el momento de pánico. Nada parece detener al monstruo de las mil cabezas. Saturno está devorando a sus hijos, siempre dos tiempos adelante del rescate timorato. El momento que nadie pensó que podía llegar. Si pudieran, los inversionistas sacarían todo el dinero del sistema y lo pondrían debajo de la tierra. Pero no hay tantos billetes en el mundo. El sistema de crédito del país capitalista más grande del mundo no existe. Los bancos se sientan sobre su dinero y nadie consigue préstamos. El sistema está a punto de colapsarse. Es cosa de tiempo antes de que haya una corrida bancaria que acabe con el imperio americano, colapse el sistema de pagos y hunda al mundo en caos. Sucederá dentro de unas horas.
Pero la Reserva Federal habla con el resto de los bancos centrales del mundo industrializado y sorprenden a todos. 180 mil millones de dólares comienzan a fluir por las venas escleróticas del sistema financiero mundial en la noche del miércoles.
Ben Bernanke, el presidente de la Reserva Federal, respeta las ideas de su vida anterior como profesor en la universidad de Princeton y empieza a tirar dólares desde helicópteros imaginarios. No repetirá los errores de la crisis de 1929.
Jueves 18 de septiembre
¿A quién le importa si hay más dólares en el sistema mundial? El mercado sigue cayendo, la subida que sigue la inyección de dólares sólo dura unas horas y a medio día el mercado va dos por ciento abajo. La desaparición del mercado de crédito sigue estrangulando poco a poco a los sobrevivientes. Entonces, a medio día, el rumor de que el gobierno va a crear un fondo para comprar la mala deuda comienza a circular, y el mercado revierte el curso. De –2 por ciento a +4 por ciento en cuatro horas. El índice del sector financiero surge 19 por ciento en el mismo periodo. El sistema sigue loco, pero se ve una salida.
Y el rescate es sólo un rumor.
Viernes 19 de septiembre
Hay más claridad, Paulson y Bernanke se reunieron el jueves en la tarde primero con G.W. Bush y posteriormente con líderes del Congreso y anuncian ante la prensa que presentarán al congreso una iniciativa para comprar deuda “tóxica” – esa deuda que parecía muy rentable hace dos años y que ahora sólo alimenta al maldito gusano que ya acabo con 5 firmas enormes en diez dias. Paulson habla de cientos de miles de millones de dólares. El rescate financiero más grande en la historia de Estados Unidos. Como apoyo, la SEC – la Comisión de Intercambio de Acciones, que vigila los intercambios privados en el sistema financiero- suspende temporalmente las ventas en corto de acciones financieras.
El mercado se dispara. Los mercados en China suben casi 10%. El FTSE en Gran Bretaña casi 8%. En Estados Unidos los índices principales aumentan y la semana más caótica en la historia moderna de Wall St termina con los niveles con los que comenzó.
Parece que se le acabó el oxígeno al fuego que todo lo consume.
Ahora será la tarea de los congresistas aprobar el paquete de rescate. De acuerdo a The New York Times, un miembro del equipo de trabajo de Paulson preguntó sobre las consecuencias en caso de que el congreso no aprobara el paquete. Paulson respondió: en ese caso, que el cielo nos proteja a todos. Bernanke no fue menos elocuente.Cuando miembros del Congreso le preguntaron si el plan no podia esperar a la semana siguiente, comento: Tal vez el lunes ya no tendremos una economia.
Epílogo: viernes 3 de octubre en la mañana
Desearía que en verdad esta sección fuese un verdadero epílogo. Pero la turbulencia en el sector real de la economía – y la miseria que generará – estará con nosotros por un buen tiempo.
La cámara baja del Congreso rechazó el lunes 29 de septiembre la propuesta para inyectar dinero al sistema financiero del secretario del Tesoro; las causas que llevaron a ese voto es otra historia, igual de retorcida que la que acabo de contar.
El Senado, sin embargo, aprobó el miércoles primero de octubre una propuesta de ley modificada. En unas horas, esa propuesta de ley modificada será votada de nuevo en la cámara baja. Espero que esta vez sea aprobada.
En las dos semanas que han transcurrido desde el anuncio del plan de rescate financiero la crisis se derramó. El fuego no se contuvo. Bancos en Europa tuvieron que ser nacionalizados. Wachovia, el sexto banco más grande de Estados Unidos, fue comprado por Citigroup y esta mañana decidió renunciar a ese trato y consolidarse con Wells Fargo. Las noticias en la radio pública tienen tintas de partes de guerra, una tras otra llegaron en la misma emisión de NPR: ha caído un banco en Bélgica y Holanda; otro más en Islandia; Irlanda protege universalmente los depósitos bancarios y genera problemas en el sistema bancario de la vecina Inglaterra. El mercado de crédito en Hong Kong y Australia se paraliza.
Es difícil escribir sobre la crisis y no caer en melodrama o en aparentes exageraciones, pero el choque de estas últimas tres semanas ha modificado la confianza, la visión y las ideas de todo el sistema. Es más difícil aún imaginar las consecuencias de este choque: ¿será como una Gran Depresión (poco probable) o como la década perdida y la trampa de liquidez en Japón? ¿Funcionará el rescate y la intervención monetaria y la caída será menos brutal? ¿Quién será la figura intelectual que surja dominante de esta crisis, tal y como Keynes surgió de la Gran Depresión? ¿Quién será el nuevo FD Roosevelt y qué forma tendrá el nuevo “Nuevo Trato”? ¿Cuáles serán las consecuencias sociales y políticas?
Ya sabemos que algunos dinosaurios van a desaparecer; ¿y los amigos del barrio?


