Amelia U. Santos-Paulino

Publicado el 01 Septiembre 2008

Amelia Santos

Fecha: Diciembre 2008

1.- ¿Cuáles son los canales a través de los cuales la actual crisis económica está afectando el comercio internacional?

La actual recesión económica es la más severa desde la gran depresión de los años 1930s y sus efectos sobre la economía real serán significativos.  Dado el carácter global de la crisis, los flujos comerciales, es decir las exportaciones e importaciones, han sido afectados negativamente. Una secuela inexorable para los países en vías de desarrollo es la reducción en la demanda de sus exportaciones debido a la recesión económica en los socios comerciales, constituidos principalmente por las economías avanzadas. Otra señal de desaceleración global es la disminución en los precios de las materias primas.

La crisis económica global afecta los intercambios comerciales principalmente a través de tres canales. Primero, el impacto en la competitividad, resultado de la variación en los precios relativos, el cual puede afectar tanto positiva como negativamente a los países dependiendo de su especialización productiva. Segundo, a través del efecto sobre los costos fijos de exportación determinados, en gran medida, por el incremento en los costos del crédito para financiar la producción o en la reducción en la oferta de los mismos. Tercero, mediante  la reducción en los flujos de inversión privada y de la ayuda oficial para el desarrollo.

Sin embargo, debido a que esta depresión es global, dichos mecanismos no  van a operar necesariamente de la manera esperada. Por ejemplo, la trayectoria reciente de los mercados cambiarios en países avanzados como Inglaterra y la zona Euro, la reducciones en las tasas de interés, y la caída en los precios del petróleo deben influir positivamente. Pero variables como las exportaciones de, por ejemplo, la economía Británica, no han sido estimuladas, hasta el momento, como predice la teoría económica. Otro efecto de la crisis en materia de comercio, tanto internacional como doméstico, es la modificación en los patrones de consumo y, consecuentemente, del ahorro y la inversión.

En este contexto, es importante también diferenciar entre los efectos de corto, mediano y largo plazo. Según la teoría y la evidencia empírica, la respuesta de la economía real ante choques exógenos como la crisis actual, incluyendo las variables de comercio internacional, seguirá un comportamiento (o curva) ‘J’. Es decir, una reducción inicial en la demanda y oferta, seguido por una recuperación en el mediano o largo plazo. Este comportamiento dependerá, sin embargo, de la calidad y eficacia de las políticas económicas aplicadas a nivel nacional, paralelamente a las políticas internacionales, y del grado de resistencia de los países ante la crisis.

De igual forma, el efecto neto de la crisis sobre el comercio en general, y las exportaciones en particular, depende en gran medida del grado de especialización comercial de los países, fundamentalmente de sus exportaciones. Además, las industrias (o sectores) que dependen altamente de crédito y financiamiento externo son más susceptibles a ser afectadas negativamente y, por ende, la economía en general.

El financiamiento del comercio internacional a través de la asistencia financiera oficial se perjudica como consecuencia de la crisis global, y es probable que la tendencia empeore en el futuro cercano. La movilización de recursos financieros internacionales, balanceado con esfuerzos para activar la inversión y otros recursos domésticamente, es vital para sostener los niveles de comercio conducentes al crecimiento y desarrollo económico. Estos esfuerzos son indispensables para mejorar las limitaciones de oferta de los países menos desarrollados, máxime la capacidad productiva, así como para mejorar  los mecanismos de acceso a los mercados los globales.

2.- ¿Ves un riesgo real en estas tendencias comerciales y una reversión al proteccionismo o más bien sólo una retórica proteccionista pero con poco alcance en términos de acciones?

El proteccionismo, definido como el incremento o restablecimiento de barreras arancelarias y administrativas al comercio, históricamente aumenta durante períodos de crisis económica. Las indicaciones proteccionistas son una respuesta a la reducción en la demanda internacional y la correspondiente disminución de los ingresos, así como para compensar las pérdidas fiscales debido a los costos internos de la crisis.  Sin embargo, esas barreras violan las obligaciones multilaterales de los países signatarios de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y se espera que los mecanismos legales se utilicen para evitar un deterioro en los avances en materia de liberalización comercial.

La importancia del comercio como motor del crecimiento y del desarrollo seguirá dominado las agendas académicas y de políticas de desarrollo internacional. No obstante, para que dicho rol sea efectivo es primordial culminar la Ronda de Negociaciones Comerciales, célebre como la Ronda de Desarrollo, convenida por la OMC y los Estados miembros en Doha en el año 2002.  La única salida para exhumar la Ronda Doha de su letargo es disciplinar los instrumentos de política comercial, particularmente los subsidios agrícolas en los Estados Unidos y la Unión Europea. Igualmente apremiante es la reducción de las tarifas aplicadas a los bienes manufacturados, especialmente a las importaciones de mercancías de capital, lo cual ayudaría a incrementar la productividad en los países en vías de desarrollo.

3.- ¿Crees que la crisis actual va a redefinir el proceso de globalización? ¿Cómo?

La crisis actual transformará el proceso de globalización, particularmente los estándares de gobernabilidad mundial. La recesión mundial conducirá a redefinir los marcos de regulaciones financieras y comerciales globales, así como el rol y la participación de nuevos actores en los organismos financieros internacionales y en el sistema de las Naciones Unidas.

Esta crisis tiene dos características distintivas. Primero, la misma se originó en la economía más poderosa del mundo, mientras que las anteriores (por ejemplo, las crisis financieras en México-Tequila 1994 y la asiática en 1997) emergieron en estados en vías de desarrollo o en transición a economías de mercado. Segundo, las economías y los mercados están altamente interconectados y, en consecuencia, los efectos negativos en los países avanzados y en desarrollo han sido relativamente simétricos.

La cooperación Sur-Sur, en las formas de flujos de comercio, capitales, tecnología, conocimiento y de asistencia financiera oficial, es un eje trascendental para enfrentar la crisis económica mundial. Por ejemplo, la proporción de crecimiento en el comercio mundial de mercancías ha sido liderada por los países del Este y el Sur de Asia, y esta proporción ha superado la de todos los otros países en desarrollo combinados. Una magnitud similar prevalece en el comercio de servicios. Sin embargo, a pesar de la primacía económica de los Gigantes Asiáticos, así como el trascendental rol de China e India en el ámbito internacional, los países avanzados, especialmente los Estados Unidos, siguen siendo el mercado principal para las exportaciones del mundo.

La apertura comercial y la arquitectura financiera global son dos caras de una misma moneda. La importancia de esa correlación ha sido extensamente discutida en cónclaves internacionales recientes, por ejemplo en la conferencia internacional de seguimiento sobre la financiación para el desarrollo (encargada de examinar la aplicación del Consenso de Monterrey del 2002) concluida recientemente en Doha. En dicha conferencia, organizada por las Naciones Unidas, se discutieron los desafíos para reformar las regulaciones económicas globales y la arquitectura financiera internacional, incluyendo los acuerdos de Basilea de regulación financiera, con miras a reducir las vulnerabilidades de los sistemas financieros así como crisis futuras. Estos factores son cardinales para que ésta ‘segunda globalización’ iniciada hace más de cinco décadas, tal como documenta el Profesor de la Universidad de Harvard Jeffrey Williamson en la cátedra anual de UNU-WIDER en el 2002, continúe su curso progresivo.

Las reflexiones anteriores revalidan la urgencia de continuar las estrategias de liberalización e  integración global, y la promoción de la diversificación comercial – particularmente en países en desarrollo, así como de sus mercados de exportación. La necesidad de equilibrar las reglas de juego persiste, lo cual descansa primordialmente en los hombros de los países avanzados.

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