El reciente terremoto en Chile de magnitud 8.8 fue, en términos de energía , 500 veces más fuerte que el terremoto de Haití. De hecho, este evento fue el quinto terremoto de mayor intensidad registrado en el mundo desde 1900 – el de Haití no figura entre los primeros diez. Sin embargo, en términos de muertes, el terremoto de Haití es el tercero más devastador de la historia, con más de 200,000 personas muertas (para más información, ver: http://www.cnn.com/2010/WORLD/americas/02/27/top10.earthquakes.chile/index.html).
Aunque es difícil comparar los terremotos ya que el proceso mediante el cual estos eventos se traducen en pérdidas de capital físico y humano es complicado – depende no solamente de las características inherentes al sismo, sino también del tipo de falla, su orientación, el tipo de suelo, la densidad poblacional de las áreas cercanas al sismo y, entre otros, de la hora en que ocurra el terremoto y la cantidad de gente que esté dentro de edificios que puedan colapsar. Sin embargo, al final del día, la pobreza y la falta de preparación explican gran parte de las diferencias entre casos como Chile y Haití. La falta de recursos y de preparación significa que la construcción de edificios no se hace a prueba de temblores, no se respetan los códigos de construcción (los cuales muchas veces no existen en primer lugar) y el proceso de rescate es mucho más lento. Esto, sin contar, que el proceso de rehabilitación es mucho más lento y la población mucho más vulnerable.
La buena noticia es que el caso de Chile muestra que una buena preparación hace una gran diferencia. La pregunta es: está la República Dominicana preparada para un terremoto?


